Vida y Familia

Un delito que quiere convertirse en derecho

Derryck TysonCon la aprobación de las leyes en favor del suicidio médico asistido, caemos en la cultura del descarte, que tanto denuncia el Papa Francisco.

enero 14, 2015

Exterminar a seres humanos, enfermos o ancianos. Hace sólo muy poco tiempo, una afirmación como esta, habría generado escándalo o sólo habría sido admitida en la ficción. Hoy sin embargo, son ya 5 los estados que en el país aprueban este tiempo de comportamiento, pero bajo el título de “suicidio médico asistido”.

Al parecer, Colorado podría correr la misma suerte. Se sabe que a inicios de la sesión legislativa del 2015, dos legisladores demócratas presentarán un proyecto de ley para legalizar este mal llamado “suicidio asistido”.

Ante un tema tan preocupante, ofrecemos los comentarios de un médico oncólogo, que explica los riesgos de este intento.

 Cuando hablamos de matar por compasión, casi siempre nos referimos a animales a los que les tenemos mucho cariño y cuando tienen heridas de muerte o accidentes, en un acto de misericordia terminamos con su vida para que no sufran más. Nunca se nos ocurrió que llegaría el día en que nuestras ideas de amor o compasión, se mezclarían con las opciones de suicidio y asesinato de seres humanos.

En Bélgica y Holanda, médicos hacen eutanasia a pacientes “terminales” (la definición es bien subjetiva pues depende de la opinión del médico y/o el paciente) con la falsa idea de que los están ayudando en su sufrimiento; médicos los inyectan y terminan con sus vidas.

En Estados Unidos, donde aún no hemos llegado a esa pérdida de humanidad extrema, existe el suicidio asistido en cinco estados. Empezó en Oregón donde un médico da una receta a un paciente para que tome la medicina y se suicide. Desde que se aprobó esta ley, más de 800 personas han cometido suicidio.

Si alguien piensa que el suicidio asistido “no es tan grave” como la eutanasia, está equivocado porque al final se está acabando con una vida humana, directa o indirectamente.

El suicidio asistido tiene muchos partidarios que dicen querer ejercitar su “derecho a morir”; eso no quiere decir que se van a suicidar pero les gusta pensar que “tienen ese derecho”. La ley moral y la legislación protegen la vida humana, sobretodo de poblaciones vulnerables: por ejemplo ancianos enfermos, pacientes con cáncer avanzado, pacientes con enfermedades mentales, etc. Es muy probable que todas estas personas estén con depresión severa por su situación o se sientan como una carga económica y social para sus seres queridos. Por ello, no creo que sea objetivo pensar que están eligiendo “libremente” terminar con sus vidas, aunque así lo manifiesten. Cuando escuchemos que alguien nos dice “me quiero morir”, en vez de proceder a matarlo, deberíamos escucharlo y ver que en el fondo esta persona probablemente está pidiendo ayuda, porque hay dolor y sufrimiento de por medio. Eso nos hace ser más humanos (no solo el acto de sufrir, sino el verdadero acto de amor y compasión por el que sufre).

No tiene sentido luchar tan duro para encontrar la cura para enfermedades como el cáncer o Alzhéimer cuando la solución más fácil (y barata) seria eliminar a los pacientes con estas enfermedades.

Los médicos dedicamos nuestras vidas enteras a curar, otras veces a prolongar la vida, u otras veces a consolar y acompañar en el dolor. Terminar con la vida de seres humanos, directa o indirectamente, no es parte de nuestra misión y no tiene un sustento moral y felizmente legal todavía en América. Siempre tenemos  que luchar por curar o aliviar el dolor de nuestros seres queridos; a la vez, debemos evitar exponerlos a tratamientos innecesarios, que los hagan sufrir más. Pero nunca podrá ser una opción el quitarles la vida directa o indirectamente.

* El Dr. Raez es American Board Certified en Medicina Interna y Oncología Medica. Se desempeña como Director del Memorial Cancer Institute en Florida y es Profesor Asociado de Medicina en Florida Internacional University (FIU). El Dr. Raez tiene muchas publicaciones en temas de ética médica en español, inglés y portugués.

 

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