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¿Qué es el Domingo de Resurrección?

abril 29, 2014

Todos los miembros de la Iglesia universal acabamos de celebrar, del 17 al 19 de abril, los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección del Señor Jesús, que como sabemos, son los más importantes de nuestra fe católica. De ahí la necesidad de comprender al máximo lo que significan. Por ello, en esta edición Mons. Jorge De los Santos, Vicario para el Ministerio Hispano, responde a la pregunta ¿Qué es el Domingo de Resurrección?

La Pascua, también llamada Pascua Florida, Domingo de Pascua, Domingo de Resurrección, es la celebración central del cristianismo, en la que se conmemora, de acuerdo con los Evangelios, la Resurrección de Jesús al tercer día, después de haber sido crucificado.

La Vigilia Pascual es la fiesta más importante para todos los católicos, ya que con la Resurrección de Jesús adquiere sentido toda nuestra fe. La Vigilia Pascual, aunque es el sábado por la noche, ya es considerado litúrgicamente Domingo y es allí donde inicia el día de la Resurrección que se prolonga por ocho días, por medio de la Octava de Pascua. De esta manera, si bien en el tiempo cronológico son ocho días, en el Kairos (tiempo en que actúa el Señor) los celebramos como si fueran un solo día, el gran Domingo de Resurrección.

Resurrección significa que Cristo triunfó sobre la muerte y con esto nos abrió las puertas del Cielo. En la Misa dominical, por medio de la liturgia, hacemos presente de una manera especial este gran misterio de la Resurrección. Se enciende el Cirio Pascual que representa la luz de Cristo resucitado y que permanecerá prendido hasta el día de Pentecostés, pasando por la celebración de la Ascensión, cuando Jesús sube al Cielo.

Cuando celebramos la Resurrección de Cristo, estamos celebrando también nuestra propia liberación. Celebramos la derrota del pecado y de la muerte.
En la Resurrección encontramos la clave de la esperanza cristiana: si Jesús está vivo y está junto a nosotros ¿Qué podemos temer? ¿Qué nos puede preocupar?

San Pablo nos dice: “Si Cristo no hubiera resucitado, vana seria nuestra fe” (1 Cor 15, 14). Si Jesús no hubiera resucitado, sus palabras hubieran quedado en el aire, sus promesas hubieran quedado sin cumplirse. Pero, como Jesús sí resucitó, entonces sabemos que venció a la muerte y al pecado; sabemos que Jesús es Dios, sabemos que nosotros resucitaremos también, sabemos que ganó para nosotros la vida eterna y de esta manera, toda nuestra vida adquiere sentido.

El Domingo de Pascua es una fiesta móvil, lo que significa que no se fija en relación al calendario civil. El Primer Concilio de Nicea (año 325) estableció la fecha de la Pascua como el primer domingo después de la luna llena tras el equinoccio de primavera en el hemisferio norte. La fecha por tanto, varía entre el 22 de marzo y el 25 de abril. Así se establece la fecha de la Pascua como eje central del año litúrgico.

Nos dice San Pablo: “Aquel que ha resucitado a Jesucristo devolverá asimismo la vida a nuestros cuerpos mortales”. No se puede comprender ni explicar la grandeza de las Pascuas cristianas sin evocar la Pascua Judía, que Israel festejaba, y que los judíos festejan todavía, como lo festejaron los hebreos hace tres mil años, la víspera de su partida de Egipto, por orden de Moisés. El mismo Jesús celebró la Pascua todos los años durante su vida terrena, según el ritual en vigor entre el pueblo de Dios, hasta el último año de su vida, en cuya Pascua tuvo efecto la cena y la institución de la Eucaristía. Cristo, al celebrar la Pascua en la Cena, dio a la conmemoración tradicional de la liberación del pueblo judío un sentido nuevo y mucho más amplio. No es a un pueblo, una nación aislada a quien Él libera sino al mundo entero, al que prepara para el Reino de los Cielos.