La coherencia cotidiana en la vida Cristiana

February 6, 2017

Una primera aproximación a lo que significa la coherencia la encontramos en el diccionario: «Conexión, relación o unión de unas cosas con otras». Al aplicar esta definición a la vida cristiana nos referimos principalmente a esa conexión, relación o unión que debe existir entre fe y vida, entre aquello que creemos -el Señor Jesús y su Evangelio- y el modo como vivimos en lo cotidiano. En esta coherencia está el secreto de la santidad a la que Dios nos llama, en nuestro propio estado de vida. Por ello es tan importante que de la fe en la mente y en el corazón pasemos a la fe en la acción.

Un cristiano coherente es aquél que sostiene con sus obras lo que cree y afirma de palabra. No hay diferencia entre lo uno y lo otro. Se descubre en él o en ella una estrecha unidad entre la fe que profesa con sus labios, la fe acogida en su mente y corazón, y su conducta en la vida cotidiana; su fe pasa a la acción, se muestra y evidencia por sus actos. Así los principios tomados del Evangelio orientan su conducta y su pensamiento cristiano, su piedad y afectos, y se reflejan en la acción práctica. Esta coherencia la vive no sólo cuando las cosas se le presentan “fáciles”, sino también cuando se es puesto a prueba.
Dijo el Papa Francisco durante el rezo del Ángelus el 9 de noviembre de 2014: “ Jesús, en el Evangelio, hablando del templo ha revelado una verdad asombrosa, esto es, que el templo de Dios no es solamente el edificio hecho con ladrillos, sino que es su Cuerpo, hecho de piedras vivas”.

Luego dice: “en virtud del Bautismo, cada cristiano forma parte del ‘edificio de Dios’, es más, se convierte en la Iglesia de Dios”.

“El edificio espiritual, la Iglesia comunidad de los hombres santificados por la sangre de Cristo y por el Espíritu del Señor resucitado, pide a cada uno de nosotros ser coherentes con el don de la fe y cumplir un camino de testimonio cristiano”.

No es fácil la coherencia en la vida, entre la fe y el testimonio; pero nosotros debemos ir hacia adelante y tener en nuestra vida esa coherencia cotidiana ¡Esto distingue a un cristiano! No tanto aquello que dice, sino aquello que hace; el modo en que se comporta.

Hoy la Iglesia está llamada a ser en el mundo la comunidad que, enraizada en Cristo por medio del bautismo, profesa con humildad y valentía la fe en Él, dando testimonio de caridad.

Los cristianos incoherentes suscitan escándalo porque dan un anti-testimonio a quien no cree. «Ser cristiano —aclara el Papa— significa dar testimonio de Jesucristo».

En el perfil espiritual del cristiano, la coherencia es su elemento central. En todas las cosas de la vida es necesario pensar como Cristo, sentir como Cristo y actuar como Cristo.

Hay ocasiones en las que ser fiel al Evangelio implica el riesgo de un fracaso en la familia, en el trabajo, en la vida social. ¿Qué hacer, entonces? ¿Cómo actuar? ¿Hasta qué punto vale la pena ser fieles a Cristo cuando luego uno puede quedar abandonado a su suerte, como un soñador derrotado? Plantear así la cuestión implica un error de perspectivas. Porque con este tipo de preguntas parece que la alternativa está entre ser fieles a Cristo y ser prácticos y realistas. En otras palabras, Cristo queda puesto como un obstáculo a la “realización personal”, porque uno llega a pensar que lo que Cristo pide sería “peligroso”: seguirle implica dar un salto en el vacío que puede llevar al fracaso.

En realidad, quien conoce de verdad a Cristo aprecia el cielo como la meta auténtica de toda existencia humana, quien vive a fondo la fe y la esperanza, no puede tener miedo.
Cristo es, para el que cree en serio, lo más importante. Más importante que su puesto de trabajo, que su vida matrimonial, que sus seguridades humanas, que su dinero, que su salud.

Es fácil decirlo y parece muy difícil vivir de esta manera. Pero quien ama de veras -y amamos de veras cuando nos sentimos muy amados por un Dios bueno- es capaz de eso y de mucho más.

Los mártires son, en ese sentido, un ejemplo luminoso: Están dispuestos a perder la propia vida en manos de perseguidores asesinos antes que renunciar a Cristo. Han vivido la coherencia heroica del cristiano.

San Pablo dice: “¿Quién nos separará del amor de Cristo? ¿La tribulación?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿los peligros?, ¿la espada? Como dice la Escritura: ´Por tu causa somos muertos todo el día; tratados como ovejas destinadas al matadero´. Pero en todo esto salimos vencedores gracias a aquel que nos amó. Pues estoy seguro de que ni la muerte ni la vida ni los ángeles ni los principados ni lo presente ni lo futuro ni las potestades ni la altura ni la profundidad ni otra criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús Señor nuestro” (Rm 8,35-39).

 

 

 

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