Luis Soto

Espiritualidad

Luis Soto

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Con el demonio, ni siquiera dialogar

March 9, 2015

El Capítulo 3 del libro del Génesis, nos narra un momento que marcará toda la historia de salvación. El hombre y la mujer, que han sido creados a imagen y semejanza de Dios (Gen 1, 26-27), como sus hijos (Gen 5,3), se enfrentan con un enemigo que no sabían que existía y mucho menos sabían que quería su mal. Disfrazado de serpiente astuta y con un fruto tentador como carnada, propone a la mujer, y sin duda después al hombre, una opción aparentemente mejor y más apetecible para sus vidas. Dios, Padre bueno y amoroso con sus hijos, les había dicho lo siguiente: Puedes comer de todos los árboles que hay en el jardín, exceptuando únicamente el árbol del conocimiento del bien y del mal” (Gen 2,16-17). Quiero acentuar que Dios les dijo que podían comer de todos. De hecho, en el capítulo uno les había dicho también: Yo les doy todas las plantas que producen semilla sobre la tierra, y todos los árboles que dan frutos con semilla: ellos les servirán de alimento” (Gen 1, 29). De  nuevo, Dios les ofrece todo cuanto ha creado para su bien y para su crecimiento como  hijos suyos. Sin embargo, la serpiente, el enemigo astuto, tergiversa las palabras de Dios y dice lo siguiente: “¿Así que Dios les ordenó que no comieran de ningún árbol del jardín?” (Gen 3, 1). Hay una gran diferencia entre comer de todos, menos de uno, que no comer de ninguno. Sin duda que la serpiente es astuta y sabe cómo cambiar las palabras para engañarnos.

Como todos sabemos, la serpiente representa precisamente a Satanás, el eterno enemigo. A veces pensamos que es anticuado creer en esto, pero es una verdad. Es más, el Papa Francisco no deja de insistirnos que renunciemos a Satanás y no nos dejemos engañar por él. Sin embargo, hoy más que nunca, Satanás se disfraza, y cambia las palabras y dice mentiras. Todos somos tentados por él. Todos nos podemos ver envueltos. Todos incluso podemos ser usados por él para tentar a otros o para destruir la obra de Dios. Todo el que miente ha sido tentado por Satanás y su debilidad espiritual le ha llevado a ser seducido por él en lugar de ser seducido por Dios. Hasta el mismo Dios Padre ha sido acusado de mentiroso por la engañosa serpiente.

A los que estamos en el camino de Dios e intentamos seguirlo, Satanás nos ataca con más fuerza. El usará a quien se deje usar, con tal de impedir lo bueno que se está haciendo o se pueda hacer a través de los discípulos de Cristo. Como dijo el Papa refiriéndose a las tentaciones de Jesús en el desierto: “…noten bien cómo responde Jesús: Él no dialoga con Satanás como había hecho Eva en el paraíso terrenal. Jesús sabe bien que con Satanás no se puede dialogar porque, ¡es tan astuto! Por eso Jesús en vez de dialogar, como hizo Eva, elige de refugiarse en la Palabra de Dios y responde con la fuerza de esta Palabra”.

Mis hermanos y amigos, nadie nos ha prometido un camino sin tentaciones, sin dificultades, sin enemigos del Evangelio. El combate espiritual es pan de cada día para el discípulo de Cristo. Es de hecho en esos momentos de combate donde se diferencian los verdaderos discípulos de aquellos que sólo buscan su  propio bien. Seamos cautelosos sabiendo identificar las tentaciones del enemigo, y seamos astutos para huir de ellas cuando se nos presenten. Entre más bien hagas, más intentará el enemigo destruirte. Agarra la mano de Dios y haz de la oración tu fuerza. El Señor te dará la gracia necesaria para vencer en la tentación. Esta puede tener muchas formas. Desde buscar hacerte pecar hasta intentar destruir todo cuanto haces y cuanto has construido. Recuerda que el demonio se disfraza y a veces sus disfraces son muy buenos. Recuerda que el mismo Satanás cita la Sagrada Escritura cuando quiere dialogar con Jesucristo. En otras palabras, Satanás es tan astuto y desea tanto mal, que puede intentar infiltrarse en tu vida, en tu familia, en tu trabajo, en tu apostolado. Buscará una rendija por donde entrar y desde allí continuará con su trabajo eterno de hacernos ofender a Dios. Se hará pasar por tu amigo, pero sus intenciones son perversas. La cuaresma es tiempo especial de gracia. Pidamos al Señor la fortaleza para vencer la tentación, para vencer el mal a fuerza de bien y para seguir su camino, que es el único que tiene vida eterna. Con el demonio, ni siquiera dialogar.

 

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