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Morir asusta, por eso necesitamos de valentía y gracia

Santa Teresita de Liseux nos enseña como ponernos en las manos de Dios al enfrentar la muerte

noviembre 06, 2014

Antes de que la joven de 29 años, Brittany Maynard, se quitara la vida el 1ro de noviembre, escogiendo evitar el dolor y el sufrimientos causado por un gran y agresivo  tumor cerebral, dejó un mensaje claro para el mundo—no tengan miedo del suicidio asistido.

En las semanas previas a su propio suicidio, Brittany abogó para que otros tuvieran el derecho de “morir con dignidad”, y expresó su deseo de un movimiento que “educara a la gente sobre este tema, para tener discusiones basadas en hechos, y no en el miedo.”

Al difundirse la noticia de que Brittany había ingerido una cierta cantidad de drogas prescritas que causaron su muerte, los defensores de la eutanasia se tomaron las redes sociales para alabar su valentía. La senadora canadiense Linda Frum escribió: “QEPD esta alma valiente y hermosa. Brittany Maynard Ha Terminado Con Su Propia Vida”.

En un sentido, Frum tiene razón. Por lo que hemos podido ver de Brittany, a través de sus videos y de su gira de medios, parecía una persona inteligente, amorosa y generosa que estaba centrada únicamente en vivir, y en tomar todas las cosas hermosas que la vida puede ofrecer.

Sin embargo, también vimos una mujer joven, con un hondo terror de aquellas cosas que todos tememos. Tenía miedo de sufrir, de perder el control, y a la humillación de morir.

Luego que Brittany recibiera el diagnóstico de un tumor cerebral progresivo, llamado glioblastoma multiforme, se mudó de su hogar en California a Oregón, donde el suicidio asistido es legal, para que pudiera, según sus propias palabras, “morir según mis términos”.

“He discutido con muchos expertos como moriría a causa de la enfermedad, y esa es una manera terrible, terrible, de morir. Entonces, poder elegir dejar esta vida con dignidad es menos espantoso”, admitió.

Santa Teresa de Lisieux, quien sufrió una agonía muy aguda, que duró meses, dijo en su lecho de muerte: “Temo haber tenido miedo a la muerte”. Pero luego continuó esta confesión con las siguientes palabras: “Es la primera vez que he experimentado esto, pero me he abandonado inmediatamente a Dios”.

“No se turben,” dijo más tarde a las hermanas carmelitas que la acompañaban, “si sufro mucho, y si no ven en mí… ningún signo de alegría a la hora de la muerte”.

Justo antes de morir, la hermana Teresa preguntó a su priora: “¡Madre! ¿No es esta la agonía? ¿No voy a morir?” Su superiora le respondió que sí, que estaba muriendo, pero que aún podía sufrir por muchas horas. “Bueno, está bien”, respondió la hermana Teresa, “No querría sufrir por menos tiempo”.

Por otro lado, Brittany escogió el camino del menor sufrimiento y menor dolor.  En su favor, sus actos fueron coherentes con los valores de nuestra cultura, que nos enseña a evadir lo que tememos, en nombre de la libertad y el control.

Al reflexionar sobre su enfermedad, Brittany dijo que lo peor que podía pasarle sería esperar mucho tiempo para matarse, y que perdería el control. Poder elegir cuando sería su muerte, era para ella la verdadera libertad.

Brittany era una buena persona. Sus últimas palabras nos alentaban a “difundir energía positiva” y “devolver los favores”. Estos mensajes no son malos, aun considerando la vaguedad de su significado.

“Qué sería de mí si el Señor no me diera la valentía”, la hermana Teresa se preguntaba cuando la tuberculosis atacaba su cuerpo, causándole un gran dolor en cada respiración. “!Si no tuviera fe, me habría dado muerte sin dudar un momento!”

En sus últimos momentos, la hermana Teresa miraba fijamente el crucifijo, y decía “Dios mío, te amo”. Murió como había vivido, amando a Dios y creyendo en Él, con una fe que se hacía más fuerte en cada momento de dolor y sufrimiento, teniendo la certeza que la muerte no tenía la última palabra.

Brittany puede ser un modelo a seguir para el movimiento que aboga por el derecho-a-morir, un producto de nuestra cultura, que vive como si Dios no existiera, y que se caracteriza por el terror a aquello que no puede controlar. Pero como cristianos, debemos volar más alto aún, y ser modelos a seguir para los otros, tanto en lo que respecta al cómo vivir—y también cómo morir—con valentía.

Karna Swanson es la directora de comunicaciones de la Arquidiócesis de Denver, y la gerente general del Denver Catholic Register.

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