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Estar en la canonización fue una experiencia inolvidable, comparte Arzobispo de Denver

Tuvo la bendición de concelebrar la Misa con el Papa Francisco

Foto de Jeffrey Bruno / Aleteia Image PartnersMás de 1 millón de personas participaron en la ceremonia de canonización. Llegaron a la Plaza San Pedro, la Vía de la Conciliazione y las calles aledañas.

abril 29, 2014

Entre las millones de personas que estuvieron en Roma este último domingo 27 de abril, para la gran canonización de San Juan XXIII y San Juan Pablo II, el Arzobispo de Denver, Mons. Samuel J. Aquila, pudo estar presente y concelebrar la Misa de canonización con el Papa Francisco.mons aquila

“Cuando llegué a Roma para la canonización, el aire vibraba con la electricidad de la gente de todo el mundo, reunida para la celebración”, dijo Mons. Aquila. “Me encontré con un grupo de Bérgamo, el lugar natal de San Juan XXIII y con muchos peregrinos polacos. El domingo me sorprendí al saber que iba a concelebrar la Misa de canonización. Fue una verdadera bendición y pude sentir la cercanía de San Juan Pablo II mientras celebraba la Eucaristía”.

En su columna para El Pueblo Católico y el Denver Catholic Register, el Arzobispo compartió su inolvidable experiencia, con mucha gratitud a Dios, por haber esta en la ceremonia de canonización de “dos hombres que cambiaron profundamente las vidas de muchos y también cambiaron el curso de la historia”.

Reconoció que los dos nuevos santos, son unos gigantes del siglo XX, al que el mundo debe muchísimo. Y él especialmente destacó lo mucho que le debe al legado espiritual que dejó el hoy San Juan Pablo II.

“Para mí y para muchos sacerdotes, religiosos y laicos, el Papa Juan Pablo II fue un padre espiritual que me atrajo al abrazo del Padre, me acercó más al Hijo y me ayudó a conocer el amor del Espíritu Santo”, afirmó el arzobispo. “En las oportunidades que tuve de reunirme con él, era evidente que se trataba de un verdadero discípulo de Jesucristo, lleno del amor de Cristo y de compasión. Y en los años de su ocaso, enseñó al mundo cómo asumir la enfermedad y la muerte como un cristiano”, continuó.

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