País y Mundo

Charlie Hebdo: ¿La culpa la tuvo Dios?

Foto de Valentina Cala Flickr

enero 12, 2016

Esta pregunta surge tras ver la portada del especial de Charlie Hebdo, en la que muestran a Dios (el Dios de los cristianos, uno y trino) como un terrorista, con motivo del primer aniversario de la triste masacre en la que murieron 12 personas, entre caricaturistas, periodistas y policías que trabajaban en esta revista.

Sin negar la solidaridad con las víctimas, sus familiares y amigos, es importante separar la falsa relación entre fe y terrorismo y entender que estos dos términos no tienen ningún punto en común.

¿Por qué no? Porque el problema no proviene de Dios sino de la manipulación errada que se hace de su imagen para lograr mayor poder, para hacer proselitismo en lugar de apostolado y para tildar de infieles a aquellos que no piensen como el selecto grupo de gente que se rige por una serie de creencias y que las considera más como una ideología o como un sistema político que como un camino para su realización y para la salvación de su alma.

Fe y fundamentalismo no son sinónimos. Veamos las definiciones de ambas palabras:

La fe, según la Real Academia de la Lengua Española es el “conjunto de creencias de una religión”, o la “seguridad, aseveración de que algo es cierto”. La Biblia define esta palabra como “la garantía de lo que se espera, la certeza de lo que no se ve” (Heb. 11, 1). Mientras tanto, el fundamentalismo, según la RAE es la “exigencia intransigente de sometimiento a una doctrina o práctica establecida”. El primer término es un don que se acoge libremente, el segundo un sistema de ideas al que se es sometido forzosamente. La fe se comparte, el fundamentalismo se impone.

Todas las religiones tienen personas ejemplares quienes con sus obras, reflejan su amor a Dios y no los propios intereses de un grupúsculo cerrado en sí mismo. Para el catolicismo estas personas son los santos (canonizados o no). Su paso por este mundo ha marcado una diferencia hacia el bien, aunque muchos de ellos ni siquiera aparezcan en los libros de historia.

En este tipo de masacres, cada vez (tristemente) más frecuentes, la culpa no es de Dios sino del mal uso de la libertad que hacen sus hijos al manipular su nombre y tildar de religión a la ambición de querer que un sistema de creencias se haga más fuerte, a costa de arrasar con las demás.

Bien lo dijo Nelson Mandela en un discurso que dio ante las Naciones Unidas (citado por Antoni Pedragosa en un artículo publicado en Forum Libertas): “No hay peor sistema para garantizar la paz y la seguridad mundial, que un proyecto imperial de dominio, porqué siempre traerá una mayor inseguridad y más riesgo de terrorismo”. Y en muchos casos, ese proyecto imperial busca expandirse de manera monstruosa bajo el falso nombre de religión.

Y el Papa Francisco, en su discurso al cuerpo diplomático acreditado ante la Santa Sede, pronunciado el pasado lunes, lo reiteró: “Solo una forma ideológica y desviada de religión puede pensar que se hace justicia en nombre del Omnipotente masacrando deliberadamente a personas indefensas, como ocurrió en los sanguinarios atentados terroristas de los últimos meses en África, Europa y Oriente Medio”.

Artículo publicado originalmente en http://www.elcolombiano.com.co