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25 años atrás llegó “una nueva luz a esta ciudad”

Con gratitud celebran 25 Aniversario de la fundación de las Clarisas Capuchinas en Denver

Foto de Lara MontoyaComunidad de Capuchinas en Denver agradece a Dios por 25 años de fundación.

noviembre 26, 2013

“Hace 25 años, el Señor trajo una nueva luz a Denver y a la vida de los Capuchinos. Recuerdo aquella noche del 17 de noviembre de 1988, cuando fuimos a recogerlas al aeropuerto. Llegaron diez hermanas, con gran fe, un poco asustadas de abrazar un futuro incierto, pero llenas de confianza en Dios”, señaló el Padre Bill Kraus, O.F.M. Cap., al celebrar la Misa de aniversario de las Clarisas Capuchinas.

La celebración se llevó a cabo el pasado 17 de noviembre en la Iglesia St. Patrick, junto al Monasterio de Nuestra Señora de la Luz, fundado hace 25 años por la Clarisas Capuchinas. Las hermanas recuerdan que establecer esta comunidad fue un sueño que comenzó en el Capítulo Provincial de los hermanos Capuchinos en 1986.

“Fuimos invitadas a Denver para entrevistarnos con el entonces Arzobispo de Denver, Cardenal Francis Stafford y con el Provincial de la Orden Capuchina, entonces padre Charles Chaput, O.F.M. Cap., quien después fue también Arzobispo de Denver y hoy es Arzobispo de Filadelfia”,  compartieron las hermanas Clarisas Capuchinas. “Después de un tiempo de oración y reflexión, se hizo la selección de un grupo de diez hermanas para realizar la fundación de Nuestra Señora de la Luz”, dijeron.

Así, diez de ellas salieron de su monasterio en Irapuato, Guanajuato, México, para comenzar esta aventura de fe. Una experiencia que ha estado llena de “alegrías y dolores”, según comparte la Hna. María de Cristo Palafox, quien pertenece al grupo fundador y a quien le tocó asumir la misión de abadesa de la comunidad en 1994, luego de la muerte de la Madre Josefina, la primera Abadesa del Monasterio.

“Recuerdo el día de nuestra llegada, por un lado la ilusión de un nuevo comienzo y a la vez un poco de temor por lo incierto, por llegar como peregrinas a una ‘tierra extraña’, que pronto llegó a ser nuestra tierra. Una mezcla de alegría y dolor: dejar atrás nuestras hermanas de comunidad, familia y patria y por otro lado un sentimiento de frescura, de una vida nueva, de un acoger y ser acogidas en esta nueva realidad que Dios nos regalaba, lugar donde nuestra pequeña comunidad echaría sus raíces. La alegría de ser portadoras de un carisma que no nos pertenecía, sino que nos era dado para poder llevarlo a donde el Señor nos llamara, en este caso traerlo a esta ciudad e Iglesia de Denver”, cuenta la Hna. Maria de Cristo.

Durante la celebración eucarística. El P. Kraus agradeció el testimonio fiel de las hermanas y su generoso sí a Dios y a la misión que se les ha encomendado y dirigiéndose a ellas les dijo: “En este cuarto de siglo, Dios les ha respondido de muchas maneras con muchas bendiciones y les ha dicho ‘yo nunca las olvidaré, estoy trabajando en ustedes, transformándolas en mis vírgenes puras y mis esposas amadas, por el misterio Pascual de Jesús’. Entonces como su Madre Santa Clara y en comunión con Santa Isabel de Hungría, y la Venerable María Lorenza Longo, fijen sus mentes en el espejo de la eternidad, pongan sus almas en el esplendor de la Gloria y transfórmese todas por la contemplación en imágenes de su misma Divinidad”.

Recordar es renovar
El sacerdote Capuchino, al señalar que “cada vez que recordamos también renovamos nuestro compromiso y nuestra alianza con Dios y con los demás”, invitó a las hermanas Clarisas a “mantener sus lámparas ardiendo vivamente para iluminar el rostro de Dios” y por la ocasión de este jubileo, las llamó a renovar sus votos frente a toda la audiencia.

Al recordar estos 25 años, la Hna. María de Cristo resumió este tiempo como “una experiencia de fe: caminar y creer, confiar y recibir la bondad de Dios manifestada en tantas maneras concretas, desde la persona que nos llama para agradecer oraciones escuchadas, hasta la caridad de tantos que nos apoyan con su ayuda, la misma vida en comunidad con sus alegrías y retos, o bien la hermana muerte que ha tocado ya nuestras puertas tres veces durante estos años. Este ha sido el tejido que ha formado nuestra historia”.

Por su parte, la Hna. María de Jesús Armadillo, quien también forma parte de la primera comunidad, compartió que para ella sigue vivo “el compromiso con la misión tan importante que nos encomendaron: rezar por nuestros hermanos hispanos y siempre, siempre, recuerdo esto y ahora lo renuevo en este 25° aniversario”.